Posteado por: Ikaylyon | 27/03/2011

El mundo y la locura

La locura es hereditaria. Al menos algunos tipos de locura. Aunque no sea exactamente por genética, sino más bien por el ambiente. Y aunque no sea del todo evidente está ahí, al acecho, latente, a punto de salir a la luz en cualquier momento.

Sale cuando menos te lo esperas, aunque ya la vas sintiendo acumularse dentro, aumentando su presión, hasta que es imposible retenerla más. Y cuando sale, sale toda de golpe.

Y es entonces cuando la persona más mojigata e inofensiva, a quien todos consideran que no se atreve siquiera a pedir que le cierren una ventana cuando tiene frío, saca a relucir su locura en todo su esplendor, dejando claro que es más de lo que aparenta. Y suelta tal grito de rabia que ni él mismo se reconoce, quedando tan alucinado como todos los que están a su alrededor.

Y eso hace que uno se replantee la vida, piense en quién es realmente. Tal vez se ha estado infravalorando todo este tiempo y la locura no es más que la llamada de atención que su inconsciente le hace para atreverse a ser uno mismo.

Porque aunque no lo parezca, el mundo induce a uno a reprimir gran parte de su auténtico “yo”, y uno se olvida de cómo es realmente. Deja de ser uno mismo para ser lo que uno debe ser, lo que los demás esperan que uno sea. ¿Qué pasaría si todas las personas fueran ellas mismas? Tal vez el mundo dejara de basarse en las apariencias. Tal vez el mundo se volviera cuerdo. Porque a veces creo que la única persona cuerda en este mundo es uno mismo.

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Posteado por: Ikaylyon | 12/02/2011

Química

Eran tres. Los tres de siempre, los tres inseparables. Compartían vida social, casa y trabajo. Los tres eran amigos desde la facultad, parecidos entre ellos y diferentes del resto de las personas.

Al acabar la carrera, los tres amigos tuvieron la suerte de ser contratados por el mismo centro, donde trabajarían juntos en distintos proyectos, en los cuales utilizarían su alto nivel de abstracción en favor de la humanidad.

Ese día sin embargo no había mucho que hacer. Mientras esperaban los materiales necesarios para empezar un nuevo proyecto decidieron divertirse un poco.

El primero tiró una bola al cubo, estratégicamente colocado, pero falló. El segundo se acercó más al cubo, sin llegar a acertar. El tercero, decidido a encestar, hizo una bola más grande y no hizo caso a sus compañeros cuando le dijeron que no la tirara. Y es que el cubo llevaba agua.

Ella era la última adquisición del centro. Pero al ser nueva, todavía no le confiaban grandes proyectos como el que iban a empezar esos tres chicos a quienes ella tenía que suministrar los materiales. Mientras recorría el pasillo de camino a su laboratorio, oyó un fuerte ruido.

En la mesa del laboratorio se podía ver un cubo rojo del que salía una columna de humo. Los tres amigos estaban inconscientes en el suelo. Ella se acercó a la mesa con precaución y meneó la cabeza con desaprobación. ¿A quién se le ocurre jugar a encestar bolitas de sodio en un cubo con agua? ¿Acaso no saben que el sodio en contacto con el agua explota?

Ella se dio la vuelta y se fue sin decir nada. Una tontería como esa les iba a costar el puesto. ¿Y quién mejor que ella misma para sustituirlos?

Posteado por: Ikaylyon | 29/01/2011

Héroe anónimo

Se quitó la máscara y se limpió una perla de sudor que tenía en la frente. Lo había conseguido. Consultó su lista y añadió el nuevo éxito: ahora había sesenta y ocho personas en la lista de salvados, y sólo tres en la de perdidos. Tres fracasos de setenta y uno debido a la inexperiencia de principiante. A pesar de las excusas, él se seguía sintiendo culpable. Aunque cada éxito era una gran alegría para él, los fracasos siempre estaban ahí, como una sombra. Y es que sólo los héroes de los cómics son invencibles. Puede que si fuera Batman o Spiderman él también lo fuera. Pero él no era más que un simple cirujano.

Posteado por: Ikaylyon | 28/01/2011

Soledad y deshumanización

Tras casi seis años juntos, me doy cuenta de lo poco que conozco a mis compañeros de clase. Algunos siguen siendo prácticamente iguales (en cuanto a su forma de ser), otros han cambiado muchísimo. El pringado de turno se ha convertido en el amigo de todos, y el pringado de toda la vida sigue siendo el pringado de toda la vida al que todos le toman el pelo, pero que no se molesta en defenderse.

Esta gente forma compactos grupos a los que es difícil adherirse y seguirles el ritmo si uno no es como ellos. Si uno se divierte leyendo un buen libro antes que ir de botellón, si uno prefiere tomarse las cosas con calma. Puede que a uno no le interese unirse a ellos porque no se siente bien en su compañía. Al menos eso me pasa a mi. Sé que no soy como ellos, ni quiero serlo, a decir verdad. No me interesa su modo de ver la vida, para algo tengo el mío.

Pero el que no quiera entrar en el grupo no quiere decir que no tenga amigos. Afortunadamente, existe más gente parecida a mí con la que me siento a gusto de verdad.

Sin embargo, y a pesar de que no estoy realmente sola, me siento así muchas veces. Es algo que mis amigos no pueden remediar. Estar seis horas con veintidós personas a las que no odias pero tampoco quieres, que te da igual que estén o no, pero que si están son como un ligero zumbido en el oído que ni te molesta ni te deja de molestar, a veces puede tener efectos extraños en mí.

Hace poco tuve uno de esos días grises en el que cualquier pensamiento con una longitud de onda diferente al gris se escapa a los receptores de mi conciencia. Iba de un lado a otro como un zombi, mirando a la gente sin verla, completamente deshumanizada. Y es que era imposible entablar conversación alguna conmigo. Mi amiga desistió al poco tiempo. Sin embargo tuvo un papel primordial: mediante un simple gesto consiguió traerme de vuelta al mundo de los colores, me ayudó a ignorar los zumbidos y consiguió sacarme la primera sonrisa del día.

Posteado por: Ikaylyon | 26/01/2011

Ansiedad y Lady Gaga

Nunca me había parado a pensar en ello. Era algo demasiado lejano en el tiempo, simplemente no había llegado el momento. Y para nada me sentía preparada cuando el momento llegó.

Ahora sé que tengo que escoger cuanto antes. El tiempo corre. Mayo se acerca a la velocidad de la luz. El fin está más cerca cada día. Lo puedo sentir. Puedo sentir cómo el tiempo se escurre. Cada hora, cada minuto, cada segundo que pasa me recuerda que el final está cada vez más cerca.

Todos me dicen que me tranquilice y eso me cabrea mucho. Sé que debo estar tranquila, pero no consigo relajarme. Siento demasiada presión, que viene de casi todo lo que me rodea. Padres, profes, compañeros; pero también viene de libros, deberes, exámenes, e incluso de un bolígrafo que no pinta o un lápiz sin punta.

Suerte que existen cosas, muy pocas por cierto, que me ayudan a olvidarme de la presión. Afortunadamente, hay un piano junto a los padres, un violín junto a los profes, y una Lady Gaga junto a todo lo demás.

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