Posteado por: Ikaylyon | 19/06/2012

Incertidumbre

Los periodos de exámenes son fechas malas. Vivo un estrés constante y una angustia que me oprime el pecho y hace que por la noche diversas pesadillas dantescas afloren desde mi subconsciente y me impidan descansar como es debido. Después, al día siguiente, sin tener en cuenta la calidad del sueño, tengo que seguir adelante con las hojas de apuntes y de ejercicios. Sin embargo es increíble lo que se puede conseguir con suficiente motivación.

Sólo por librarme del examen final de matemática discreta la aprobé yendo a por todas en el último parcial. Algo parecido sucedió con los métodos matemáticos de la informática (cálculo y álgebra combinadas en un pack anual que vale 12 créditos).

Pero aún quedan resultados por saber y un examen por hacer. Hay una asignatura que me mosquea mucho, no por miedo a suspender sino por miedo a no sacar la nota que quiero, hasta tal punto que llegué a soñar, para mi absoluto horror, que sacaba un 6 en el segundo parcial (aunque pueda parecer una broma, me deprimió bastante). De todos modos, las cartas están echadas salvo en el último examen. Hasta entonces, el estrés se quedará conmigo

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Responses

  1. Recuerdo que, cuando era estudiante, en la época de exámenes soñé una vez que tenía resolver ejercicios imposibles de una asignatura indeterminada. Mi mente se imaginaba preguntas absurdas con respuestas imposibles. ¡Extraño nivel de perversión subconsciente!

    Me parece muy bien que no te conformes con sacar la nota mínima. Vivimos una época extraña en que los que no se conforman con cumplir los mínimos son vistos como bichos raros por los otros. Ánimo.

    • Irónicamente hoy en día se premia al vago y se castiga al listo. Es un hecho social, pero no es solo cosa de los estudiantes sino también de los padres. Si se recibe como motivación un “si apruebas todas te regalo la play tres”, indicando que solo piden un aprobado raspado para pasar de curso, no se ven en la necesidad de esforzarse más. Entre eso y el hecho de que los ‘guays de la clase’ sean los vagos respondones de turno mientras que los que estudian son objeto de burla, hace que el buen estudiante o ‘empollón’ sea una especie a extinguir.
      También hay que tener en cuenta las limitaciones de cada persona, teniendo yo misma asignaturas (ejem, matemáticas) en las que con el aprobado me veo más que contenta porque me supone cierto esfuerzo llegar a ese ‘cinco con algo’ que me evita una segunda matrícula (con el coste económico que ello conlleva y las horas de clase y prácticas que hay que volver a hacer).
      Pero si existe la posibilidad de ir más allá, de superarse a uno mismo, no hay que dejarla escapar.


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